A propósito del fin del petróleo (Julio César Pineda)

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Nos encontramos en la etapa final de la Era del Petróleo, con las nuevas tecnologías y energías alternas sustitutas de los hidrocarburos en un lejano horizonte. Esto dibuja una nueva geopolítica y diplomacia, porque las reservas de petróleo y gas que quedan en el subsuelo están, irregularmente, concentradas en zonas de conflicto. La situación se agrava con el crecimiento de la población, que gracias al hidrocarburo ha podido disfrutar de la prosperidad y el desarrollo, aunque de forma desenfrenada y desigual.

El director del instituto Rocky Montain, el señor Amory Lovins, señalaba que “aunque el petróleo y el automóvil son las industrias más poderosas y las mejores establecidas del mundo, un cambio inexorable comenzó para delegar el petróleo a un rango de accesorio de aquí a cincuenta años, nuevas tecnologías eficaces harán perder al oro negro su supremacía”. En Estados Unidos ya hay 500 mil vehículos híbridos que sólo utilizan la mitad de gasolina. Brasil espera autosuficiencia con el etanol este año. Suecia propone no utilizar gasolina para sus vehículos a partir del 2020. Los pueblos del mundo exigen frenar las sesenta mil millones de toneladas de CO2 que se arrojan a la atmósfera, cuyo 80% procede del uso de los hidrocarburos.

Hoy el petróleo está en todo, fundamentalmente en el transporte, pero también en la calefacción, en la electricidad, en la producción de plástico y objetos variados. El transporte terrestre, aéreo y marítimo consume el 58% del petróleo mundial como combustible, mientras que la calefacción y la electricidad consumen el 36% de la energía necesaria. La petroquímica también requiere de este recurso.

El mundo que tenemos y en el que nos ha tocado vivir es producto, en gran medida, del petróleo, con una energía no renovable y a bajos precios, pero que está a punto de terminar sin sustitutos por ahora. En estos años hemos llegado al punto más alto de la producción mundial y comenzaremos a descender la cuesta hacia el desabastecimiento porque ya hemos explorado, extraído y procesado la mitad del petróleo de todo el planeta, especialmente, el de más alta calidad, más económico y de más fácil manejo.

La humanidad no aprendió de las crisis petroleras de 1973 y 1979, se sigue considerando que fueron situaciones transitorias; ni siquiera de la lección de los atentados del 11 de septiembre de 2001; con la oportunidad de los cambios internacionales necesarios y de un nuevo paradigma en la política, la economía y la diplomacia. Ojalá que frente al drama financiero y económico que estamos viviendo y ante el fin de la Era de los Hidrocarburos, la humanidad pueda encontrar nuevos caminos de solidaridad, de cooperación, de justicia y de libertad; es la única manera de evitar el fin de la historia. La diplomacia es la única vía de acuerdo entre los pueblos mediante la negociación entre los gobiernos, como la definió el francés Raymon Aron (1905-1983) “es el arte de gerenciar por cuenta de los gobiernos, las relaciones de paz y de guerra entre las naciones”. Deberíamos encontrar nuevos horizontes energéticos, aprovechar hoy ese recurso no renovable para invertirlo en otras áreas del desarrollo nacional. Con la escasez del petróleo podrán originarse conflictos y guerras que a nadie convienen, en su racionalidad ascendente el hombre deberá desarrollar la actitud de cooperación y sentirse obligado al mandato de la ONU, que en su artículo 33 establece la solución pacífica de controversias internacionales y la exigencia de la paz.

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