¿Discapacidad o capacidades diferentes? (por Liliana Godoy)

DiscapacidadMe sorprendió un poco la invitación a escribir en este espacio sobre una de mis áreas de formación, interés y trabajo: la discapacidad; tal vez porque después de años de relación con el tema uno se acostumbra a que no mucha gente se interese en oír sobre un mundo que por alguna razón, en la mente de la mayoría de las personas, sólo se relaciona con malas noticias. El mecanismo parece automático, si esas malas noticias no nos afectan en forma directa, parece que es mejor no saber de ellas, quizás hasta por cábala tal vez es mejor mantenerse a suficiente distancia.

Obviamente entre esa gente que prefiere ignorar este asunto, no se cuentan los grupos directamente conectados con la discapacidad, sea porque la viven o algún familiar o conocido convive con ella; sea porque se mueve en el ámbito de los terapeutas, o está en el círculo de docentes especiales y profesiones auxiliares o tal vez practica alguna actividad filantrópica.

El desconocimiento más puro es el punto de origen de la mayor parte de la mitología que se teje en torno a la discapacidad; de allí tanta distorsión, tabúes y sombras. Por supuesto el tema es muy complejo, sin embargo un buen punto de partida para aproximarse podría ser bastante sencillo y consiste en dar respuesta a la pregunta: ¿qué es una discapacidad?

Por muy elemental que parezca, la mayor parte de la gente no logra responderla o lo hace con toda la imprecisión que es capaz de generar el temor. ¿Discapacidad? “enfermedad”, “deformación”, “deficiencia intelectual”, saltan invariablemente como sinónimos desde la intuición de los que no han invertido una mínima energía en precisarlo. La sorpresa surge cuando puntualizamos, en un concepto bastante básico que una discapacidad es toda limitación o restricción que le impide total o parcialmente a cualquier persona realizar una actividad considerada normal para un ser humano. Y es sorpresa porque cualquiera de nosotros, en cualquier momento de nuestras vidas podemos ser considerados (o des-considerados) como personas con alguna discapacidad. Si tenemos la suerte de que sea parcial, el resto del todo es un mundo de compensación que apunta al milagro.

En la era de las comunicaciones, diferentes analistas de lo que ocurre en nuestras realidades actuales, han llamado la atención al hecho de que nunca antes el ser humano se había visto más aislado en su individualidad por la dificultad para hacerse entender e intercambiar afectiva y eficazmente con sus semejantes. Aunque paradójico, con una vertiginosa gama de dispositivos y mecanismos para hacer viajar más y más rápido cúmulos de datos, los significados que somos capaces de emitir lucen más simplificados. Se hace evidente en el manejo de las palabras, la coordinación de las frases, que podrían – ¿por qué no? – ser un reflejo de un cada vez más limitado entendimiento. No hay dudas en el vínculo esencial entre lenguaje y pensamiento. Veamos los mensajes de texto, los chats: mínimos caracteres reducen al mínimo el intercambio de mínima profundidad entre personas, con un mínimo esfuerzo. ¿Discapacidades o capacidades diferentes?

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