El estado de la democracia en la región andina (por Miguel Velarde)

El estado actual de la democracia en la región andina es producto de un proceso que viene desarro­llándose a lo largo de los últimos veinte años. En los cinco países que la componen (Bolivia, Colom­bia, Ecuador, Perú y Venezuela) la llegada de la democracia se dio a finales de los setenta y principios de los ochenta. Cada uno de ellos ha encontrado sus propios obstácu­los y se ha planteado sus desafíos, sin embargo, podemos encontrar rasgos comunes en algunos de los logros cosechados en estas dos últimas décadas en materia de democracia en los cinco países que componen esta zona.

Uno de los frutos más importantes de la democracia en nuestra región ha sido la ampliación del recono­cimiento y protección de los dere­chos políticos y libertades civiles fundamentales, así como el de los derechos humanos básicos. Las últimas dos décadas han servido para afianzar no solamente las instituciones y los mecanismos para lograr este cometido, sino también para fortalecer los valores en los ciudadanos que permitan solidificar las libertades conseguidas. Se ha alcanzado una concientización co­lectiva en torno a la necesidad de defender los avances en el terreno de los derechos humanos.

De la misma manera, los procesos electorales también son un factor de progreso común en los países de la región andina. La calidad democrática de los procesos elec­torales, especialmente en términos de autonomía y transparencia, ha mejorado, lo que no quiere decir que todavía se hacen esfuerzos muy grandes para que las instituciones encargadas de mantener dicha transparencia conserven su institu­cionalidad y su independencia.

Hoy por hoy, la centralización del poder amenaza la libertad de acción de las cortes electorales, pero los movimientos civiles, partidos opo­sitores, medios de comunicación y la opinión pública en general pare­cieran estar dispuestos a defender los logros alcanzados hasta ahora.

Otro sector que se ha visto favore­cido con la democracia es el de la administración pública. Se ha visto que una de las consecuencias más positivas en ella ha sido el incre­mento en los niveles de profesio­nalización en los procedimientos administrativos. No quedan dudas de que todavía falta mucho por avanzar en esta materia, especial­mente en la desburocratización de los procedimientos administrativos y su aceleramiento. Pero el trabajo que se está haciendo, en algunos países más que en otros, es efectivo.

Uno de los factores más importan­tes dentro del proceso democrático en la región andina ha sido el de la profundización de la descen­tralización. Esto ha permitido que gobiernos locales y regionales tengan una mayor proximidad con la ciudadanía para responder a sus expectativas y demandas. Asimis­mo, este proceso ha permitido crear vías de participación política para los ciudadanos, que han hecho factible una mayor intervención de ellos en todos los procesos de políticas públicas que los afectan. La independencia de poderes es uno de los temas más importantes en el análisis. El nivel de ésta es un indicativo importante de la calidad de la democracia. Comparativa­mente, por ejemplo, la independen­cia de los poderes judiciales en los países de la región es mucho mayor a la de principios de la década de los ochenta. Sin embargo, en los últimos años, principalmente en Bolivia y Venezuela, han surgido voces que denuncian un retroceso en este proceso. La centralización de poder en el Ejecutivo es una de las variables de mayor incidencia en el debilitamiento de este impor­tante pilar.

En lo económico, aunque todavía muy lejos de lo ideal y con una vola­tilidad muy grande, se ha observado un descenso de los factores que ha­cían en su momento muy difícil un crecimiento sostenible. Por ejemplo, el permanente temor a los golpes de estado militares –los cuales en cierto momento eran algo habitual en la región- impedían una planificación económica de largo plazo, y a la vez generaban temor en posibles finan­cieros extranjeros al momento de invertir en nuestros países. Asimis­mo, la reducción de los conflictos armados en la región –en la actuali­dad, la región no está afectada por ninguno- ha favorecido una planificación de desarrollo económico más estable.

Pese a los avances, todavía la región se ve enfrentada a graves problemas. Tres de los más importantes son la pobre­za, la desigualdad y la falta de condiciones adecuadas para la gobernabilidad.

La pobreza y la desigualdad

Uno de los obstáculos más grandes que debe ser superado es la incapa­cidad de sus gobiernos para trans­formar el crecimiento económico nacional en hechos palpables para los millones de personas que aún viven bajo la línea de la pobreza. La desigualdad es una característi­ca que está arraigada en la región andina que, al igual que en el resto de América Latina, es resultado de un proceso histórico muy nuestro. Los problemas de exclusión social datan de la conformación misma del Estado-Nación en nuestros países.

Otro factor que impide que la región supere los problemas de desigualdad y pobreza es la débil estructura de sus instituciones. Éstas han sido conceptualizadas e integradas siempre por un grupo de interés específico en cada país –ge­neralmente las élites- y esto ha he­cho que estos organismos, muchas veces, se preocupen por intereses puntuales y no por resolver la base del problema. Mientras tanto, la desigualdad existente en las socie­dades ha hecho muy difícil a per­sonas de sectores no privilegiados acceder a estas instituciones, lo cual ha creado un círculo vicioso: éstas expresan condiciones de des­igualdad existentes (al plasmar los intereses de solamente grupos de poder determinados) y, al mismo tiempo, contribuyen a legitimar y perpetuar dichas condiciones.

La gobernabilidad

Además de los problemas socio-económicos a los que los países andinos se enfrentan, también existe otro tipo de problemas que debe ser resuelto, como el de gobernabilidad.

Este se divide básicamente en dos fragilidades: la de los Estados y la de los sistemas políticos. Los Estados andinos han enfrentado notables dificultades para cumplir sus funciones: hacer que sus insti­tuciones respondan a las demandas de la gente, la estabilidad política y el imperio de la ley. De la misma forma, los sistemas políticos se han visto debilitados por la falta de confianza de la gente, especialmen­te en sus actores principales, los partidos.

A pesar de los importantes avances logrados para el afianzamiento de la democracia, la región andina todavía tiene retos muy difíciles por vencer. Irónicamente, en la actualidad, uno de ellos pareciera ser el no retroceder en los espa­cios conquistados, y luchar por el fortalecimiento de sus institu­ciones, las cuales son el medio más efectivo para su consoli­dación. La democracia es un valor que debe ser apreciado y cuidado por todos los ciudada­nos, y entendido como un pilar indispensable para el desarro­llo y progreso de cada una de las naciones.

Miguel Velarde es economista y analista político egresado de Suffolk University en Boston. Se desempeñó como Consejero por Bolivia, Paraguay y Uruguay en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Posteriormente fue Asesor Político, Económico y Financiero de la consultora política Viaprocess Group, con sede en Washington, D.C. y miembro fundador de la Fundación Latinoamericana para el Desarrollo (FLADES).

En la actualidad es Director Ejecutivo de la empresa consultora Alpha Politikos S.R.L. y de la Asociación Civil Alianza para el Desarrollo (ALIDES). También es profesor de macroeconomía en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y Editor en Jefe de la revista digital Guayoyo en Letras.

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